Este blog también se alimenta de comentarios...

Si ya has venido hasta aqui, ve y deja un comentario en algun post.
Me gustan las letras ajenas...

NM

viernes, 10 de abril de 2009

Ya quedé??


Alguna vez, despertar y levantarse fueron dos verbos en uno. Entonces no lo pensaba mucho, no sentia la pereza instalada en sus piernas y un deseo de quedarse todo el día en la cama, ronroneando su destino. Pero en los últimos tiempos, despertarse y preguntarse por el destino de su día, el destino de su tarde, el destino de sus caderas y el destino de su destino, eran uno y el mismo conjuro. ¿Le gustaba la vida? Claro. ¿Se gustba ella? A ratos. ¿Le gustaba su trabajo? Si, se decía que despues de todo no esta tan mal andar en la mitad de todo. Es difícil ser joven, penso. ser como sus hijos andar imaginando el futuro, perdiendole el miedo. Algunas cosas son arduas. Ni se diga a donde va uno. A ratos la juventud es como Mahler, se demora, se repite, se aflige, se entristece. Quien sabe. Todo tiene su música. Ella por fín queria llegar a Mozart.

Extendio un brazo y toco la espalda del hombre dormido junto a ella.

-Mnn. lo oyo decir.

Ese señor que aún dormía a su lado: ¿La queria bien, la queria regular, la queria por costumbre? Era cosa de adivinarlo, porque él ya no andaba pregonandolo por todas partes. La daba por dada.

"Tu me das por dada", queria decirle "Y, tú a mi no?, le hubiera contestado él y en todo su derecho estaría.

Ella volvio a tocarle la espalda y él volvio a decir.- Mhhh. No era malo que la diera por dada.

-¿Hoy entras tarde? le preguntó. .-Hoy no voy- dijo él entre sueños y seguió dormido. Tenia la extraña habilidad de responder y dormir al mismo tiempo. Por eso ella le preguntaba cosas mientras dormía y se las preguntaba sin ningún remordimiento.

Su marido despertaba cuándo despertaba: ni a todas horas, no cualquier ruido, menos aún con el que ella hacia por encima mientras se arreglaba, menos si ese día el no salia para trabajar en la casa.

Aún acostada levanto los brazos y se estiro lanzado un gémido.

Se sentó en la cama. Otra vez pasó la mano por la espalda de su cónyuge. Ojalá y pudiera quedarse ahí otro ratito pero era lunes y tenía mil y tantas cosas por hacer. Al acariciarle la cabeza el volvio a cifrar el "Mnnh" ¿A dónde vas? .- A la vida.- dijo y por fin decidio levantarse.

Frunció la boca habia amanecido con la obviedad de que su cuerpo estaba envejeciendo. Metió la panza, levanto los hombros y camino hacía un extremo del cuarto. ¿En donde habria dejado la guia roji? ¿En donde quedaría la Calle de la Amargura?

Extendio el colchon del yoga y dio veintiun vueltas sobre si misma, hizo veintiun abdominales, veintiun levantadas de cuerpo sobre las manos y hacía arriba, veintiun torcidas de espalda yendo para atras, hincada y con los brazos hacía abajo, veintiun mariposas, veintiun lagartijas. y respiró.

Concentrada en la urgencía de moverse no se fijó que por una rendija de entre las sabanas su marido la estabá espiando. Sonreía para sí. La miro hacer todo la rápido que le parecio que ver sólo un ejercicio en uno. "Aqui viene el saludo al Sol" imaginó que cantaban los Beatles a sus espaldas. Cuándo la sintio detenerse, volvio a fingir el sueño. Le gustaba mirarla mientras ella no se daba cuenta. Mirarla y adivinar.

A veces andaba ensimismada, tenía ratos en que la enardecía mirarse al espejo. Le habia dado por pensar en la vejez y él lo sabía tanto como que andaba por los mismos pensamientos, aunque lo hablara menos.

Tenían veinte años de vivir juntos y les había cambiado algunos gestos, cada uno andaba en lo suyo, los dos ponían entre ellos algunas gotas de misterio y los dos sabían en dónde tenía cada cual su precisa dosis de claridad.

Ella aún tenía el clitoris encendido y, según él podría dar fe ante quien fuera, ella lo tenía casi todo, ni se diga la cabeza mejor puesta que nunca. Aunque sus pechos ya no anduvieran en las nubes. Cuándo se quejaba decía que estaba entrando a la edad en que se cae lo que debe ir arriba y se sube lo que debe ir abajo.

Se metio a bañar y la imaginaba con espuma en el pelo y lo ojos cerrados buscando la toalla para salir, la oyo maldecir caminando con una zapato y buscando el otro que seguramente traia en la mano, la dedujo vistiendose y maquillandose apurada, buscando el perfecto espesor negro sobre las pestañas.

Se inclino a besar al marido para despedirse apurada y le preguntó.- ¿Yá está, como quede?. .

- Ya estabas.

Hoy es domingo...


Basado en en un cuento corto de Angeles Mastretta.