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NM

sábado, 20 de noviembre de 2010

La Insoportable levedad del ser. Frases de Milan Kundera


La persona que desea abandonar el lugar en donde vive, no es feliz.

El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien 9este deseo se produce en relación con una única mujer)

Si el amor debe de ser inolvidable, las casualidades deben volar hacia el desde el primer momento.

Mientras las personas son jóvenes y la composición musical de su vida esta aun en sus primeros compases, pueden escribirla juntas e intercambiarse motivos, pero cuando se encuentran ya mayores, sus composiciones musicales están ya mas o menos cerradas y cada palabra, cada objeto, significa una cosa distinta en la composición de la una y de la otra.

El campo de concentración es un mundo en el que las personas viven permanentemente juntas, de dia y de noche. La crueldad y la violencia no son mas que rasgos secundarios ( y no imprescindibles). El campo de concentración es la liquidación de la vida privada.

Qué es la coquetería? Podría decirse que es un comportamiento que pretende poner en conocimiento de otra persona que un acercamiento sexual es posible, de tal modo que esta posibilidad no aparezca nunca como seguridad. Dicho de otro modo: la coquetería es una promesa de coito sin garantía.

Así es el momento en que nace el amor: la mujer no puede resistirse a la voz que llama a su alma asustada; el hombre no puede resistirse a la mujer cuya alma es sensible a su voz.

Los amores son como los imperios: cuando desaparece la idea sobre la cual han sido construidos, perecen ellos también.

El río fluye de una edad a otra y las historias de la gente transcurren en la orilla.

El carácter único del "yo" se esconde en lo que hay de inimaginable en el hombre. Sólo somos capaces de imaginarnos lo que es igual en todas las personas, lo general. El "yo" individual es aquello que se diferencia de lo general, o sea lo que no puede ser adivinado y calculado de antemano, lo que en el otro es necesario descubrir, desvelar, conquistar.

Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse "memoria poética" y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida.

El amor empieza en el momento en que una mujer inscribe su primera palabra en nuestra memoria poética.

Los personajes no nacen como los seres humanos del cuerpo de su madre, sino de una situación, una frase, una metáfora en la que está depositada, como dentro de una nuez, una posibilidad humana fundamental que el autor cree que nadie ha descubierto aún o sobre la que nadie ha dicho aún nada esencial.

Una novela no es una confesión del autor, sino una investigación sobre lo que es la vida humana dentro de la trampa en que se ha convertido el mundo.

La vida humana acontece sólo una vez y por eso nunca podremos averiguar cuáles de nuestras decisiones fueron correctas y cuáles fueron incorrectas. En la situación dada sólo hemos podido decidir una vez y no nos ha sido dada una segunda, una tercera, una cuarta vida para comparar las distintas decisiones.

Si la excitación es el mecanismo mediante el cual se divierte nuestro Creador, el amor es, por el contrario, lo que nos pertenece sólo a nosotros y con lo que escapamos al Creador. El amor es nuestra libertad.

Amarrar el amor al sexo ha sido una de las ocurrencias más extravagantes del Creador.

La única manera de salvar el amor de la estupidez del sexo hubiese sido la de ajustar de otro modo el reloj de nuestra cabeza y excitarnos viendo una golondrina.
La pregunta es como un cuchillo que rasga el lienzo de la decoración pintada, para que podamos ver lo que se oculta tras ella.

La realidad es más que un sueño, mucho más que un sueño.

La nostalgia del Paraíso es el deseo del hombre de no ser hombre.

La luna colgando de un cielo aún no oscurecido le parecía como una lámpara que han olvidado apagar y que ha estado encendida todo el día.

Es posible que no seamos capaces de amar precisamente porque deseamos ser amados, porque queremos que el otro nos dé algo (amor), en lugar de aproximarnos a él sin exigencias y querer sólo su mera presencia.

La felicidad es el deseo de repetir.

El horror es un impacto, un momento de absoluta ceguera. El horror está desprovisto de toda huella de belleza. No vemos más que la intensa luz del acontecimiento desconocido que aguardamos. La tristeza, por el contrario, presupone que sabemos.

La luz del horror perdió intensidad y el mundo empezó a verse bajo una iluminación azulada, tierna, que hacía las cosas más bellas de lo que eran antes.

lunes, 8 de noviembre de 2010


Estuve ahí, lo recuerdo bien, sentada frente al mar, con los pies en la arena y con la mirada buscando algo lejano en el infinito mar, sin siquiera saber que era lo que intentaba hallar. Cierro los ojos y escucho el sonido del mar, me calma, tranquiliza, me adormece... de pronto oigo como ese susurro de paz va mutando a un sonido levemente mas fuerte,y mas fuerte como si estuviera agarrando fuerzas para estrellarse sobre mi. Ahora cierro los ojos pero con temor de abrirlos, los aprieto y levanto mis manos como cuando te quieres cubrir de un golpe que aseguras que salvaras aunque sea de una nariz quebrada. Así me protegía aunque no sabia exactamente de que. Mantuve mis brazos arriba mucho tiempo mientras el sonido cerca de mi (o) en mi cabeza seguía acrecentando. Empece a temblar de desesperación al notar que no pasaba el momento del que me estaba defendiendo.
Y sin siquiera atreverme abrir los ojos, me mantuve inmóvil, temerosa, cobarde. Yo que era indomita y valiente. Ahi estaba sin moverme con miedo a lo que venia sin permitirme el privilegio de la duda de pensar que quizá lo que viniera podría ser bueno para mi. En cuestión de fragmentos de segundo algo empezó a cambiar en mi interior, la percepción de ese instante visto con tanto temor, hizo que un deseo febril ante lo inevitable me llenara de valor y de deseo, el anhelo a lo desconocido y lo atrayente de ser seducida por un mar enardecido. Ese valor inverosímil me hizo abrir los ojos y mis manos cambiaron de posición de la auto protección a la de recibimiento, abiertas con las palmas hacia arriba y los brazos estirados. El mar se calmo es como si le hubiese dado pena estar intimidandome de esa manera. El mar con sus mansas aguas y su espesa espuma llego a mis pies y me acaricio suavemente. Sonreí y el se alejo, dejando solo el murmullo y la promesa de nuestro secreto.