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NM

miércoles, 30 de marzo de 2011


Mujer, hay cosas que deben hacerse de forma gradual, despacito, quedamente..
A veces creo que todo está bien. La mayoría de ellas me retracto y me escondo. Huyo, grito, lloro, sueño, respiro, me muero, revivo y vuelvo a decir que todo está bien y continuo. Esto puede pasar una vez al mes o tres veces al día. No importa. Es un renacer y morir a cada minuto, sin normas y sin aviso.
A mi me dijeron que amar era sufrir. Si,  asi es mi mamá era de las que oía en las tardes a José José y crecí oyendo sus canciones. Despues leí  miles de novelas de amor y otras biografías de mujeres amadas, sufridas, apasionadas, aventureras, soñadoras y guerreras.  Yo nunca he sufrido por amor, fui dichosa con el amor que me toco, pero sabia quizá que  no estaba bien no sufrir por amor. Asi que por causas inexplicables en mi cabeza y con el lema de "Si no se sufre no se ama". Todo lo demás es conformismo confortable. Y mi rebelión innata lucha y se desata. 




No lo hago a propósito, y es sin la intención de lastimar a nadie. Es sólo que es como si una nueva mujer despertara en mi y con la necesidad de reencontrarme necesito soltar lo que tengo.  

Es preciso saber que sólo se puede volver después de renacer, en consciente libertad , sin ornamentos, sorda frente a las palabras de lo que es "normal", reticente a la ligereza de las decisiones. 




Muy difícil de explicar mas complicado de entender. Pero así soy y así  me muevo. 


Por cierto, sigo sin palabras por ahora. 






sábado, 5 de marzo de 2011


En esta ocasión quiero recuperar este post de hace algunos meses, porque un día dentro de mi, sabía que iba a tener esta relación profunda con el mar. Un espacio para purificar los pensamientos, acciones, decisiones, relaciones, amores y amistades. Definiendo y tomando lo mejor del pasado y lo incierto del futuro. Dando un espacio al presente. Disfrutandolo cada segundo. Esperando no hacer estragos mayores, porque luego cuando uno levanta los pies del suelo poquito, la vida a veces cobra facturas en efectivo y al contado. Espero yo pasar flotando, dejandome llevar suavemente por las olas sin caer.



Estuve ahí, lo recuerdo bien, sentada frente al mar, con los pies en la arena y con la mirada buscando algo lejano en el infinito mar, sin siquiera saber que era lo que intentaba hallar. Cierro los ojos y escucho el sonido del mar, me calma, tranquiliza, me adormece... de pronto oigo como ese susurro de paz va mutando a un sonido levemente mas fuerte,y mas fuerte como si estuviera agarrando fuerzas para estrellarse sobre mi. Ahora cierro los ojos pero con temor de abrirlos, los aprieto y levanto mis manos como cuando te quieres cubrir de un golpe que aseguras que salvaras aunque sea de una nariz quebrada. Así me protegía aunque no sabia exactamente de que. Mantuve mis brazos arriba mucho tiempo mientras el sonido cerca de mi (o) en mi cabeza seguía acrecentando. Empece a temblar de desesperación al notar que no pasaba el momento del que me estaba defendiendo.
Y sin siquiera atreverme abrir los ojos, me mantuve inmóvil, temerosa, cobarde. Yo que era indomita y valiente. Ahi estaba sin moverme con miedo a lo que venia sin permitirme el privilegio de la duda de pensar que quizá lo que viniera podría ser bueno para mi. En cuestión de fragmentos de segundo algo empezó a cambiar en mi interior, la percepción de ese instante visto con tanto temor, hizo que un deseo febril ante lo inevitable me llenara de valor y de deseo, el anhelo a lo desconocido y lo atrayente de ser seducida por un mar enardecido. Ese valor inverosímil me hizo abrir los ojos y mis manos cambiaron de posición de la auto protección a la de recibimiento, abiertas con las palmas hacia arriba y los brazos estirados. El mar se calmo es como si le hubiese dado pena estar intimidandome de esa manera. El mar con sus mansas aguas y su espesa espuma llego a mis pies y me acaricio suavemente. Sonreí y el se alejo, dejando solo el murmullo y la promesa de nuestro secreto.